Qué bonita es la palabra insomnio...
Anoche, después de mucho tiempo, tuve otra noche de insomnio. Además de ver una película preciosa (Penélope), empezar a leer el libro que me trajeron los Reyes (El Juego del Ángel), escribir un correo que no era capaz de escribir a la luz del día, escuchar la radio (Afectos en la noche) y dar muchas vueltas en la cama, pensé en cómo me ha afectado la combinación del invierno y vivir de nuevo en casa de mis padres.
Desde que empezó el frío no he vuelto a leer, ni a escribir, ni a ver películas en DVD, ni a hacer puzzles, ni a pasar tiempo sola. ¡Con la de tiempo en silencio que pasaba cuando vivía en mi ratonera!
Las únicas habitaciones en las que hay calefacción en casa de mis padres son: el salón, donde la tele está puesta casi 24 horas al día y apagarla es innegociable; la habitación donde estudio, que no tiene un sofá; mi habitación, donde tampoco hay un sofá, y la habitación de mis padres.
No encuentro un espacio donde no haga frío y haya un rincón solo para mí.
He tomado las siguientes decisiones:
- Cambiar la habitación donde estudio (previo consenso con mis progenitores) y poner una mesa más pequeña y un sofá.
- Sacar la tele de mi habitación.
- No acceder a internet más que un tiempo limitado al día. La red me absorbe como pocas cosas. No sé explicar qué hago durante horas y horas delante del ordenador, pero la verdad es que nada productivo.
Y he llegado a dos conclusiones:
- Soy un animal de verano.
- La noche tiñe mis pensamientos con el mismo líquido fluorescente que te ponen en los ojos cuando te quieren ver un cuerpo extraño.
En el silencio me escucho, no así con el ruido de la tele y mi familia, que enturbian mi claridad mental.
Próposito de año nuevo, escucharme más y buscar un espacio para hacer las cosas que me gustan.
¡Cómo echo de menos mi ratonera!
martes, 13 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
Lo del sofá donde estudias es una idea genial. Yo tengo uno chiquitito en mi despacho junto a una estantería con libros y, aunque reconozco que muy de vez en cuando, a veces me siento en él a leer un poquillo y me relaja bastante.
Sí, hay que aprovehcar para estar con uno mismo. Creo que eso es lo que nos va haciendo grandes en la vida.
Isa, aprovechemos nuestra oportunidad :-), así que pon el sofá sin falta!
Ya he puesto el sofá, al lado de la ventana desde la que se ve el mar y por la que entra el sol toda la tarde :)
Publicar un comentario en la entrada