Este año, la navidad me ha dado una lección.
Esta época siempre me ha puesto muy triste, porque creo que hacemos tanto montaje de ella que conseguimos que la gente que tiene menos sea infeliz, porque le faltan miembros de la familia, porque se sienten solos, porque no tienen dinero para grandes celebraciones...
Por casualidades de la vida (como todo lo que mueve el mundo), he acabado trabajando durante 15 días en una residencia de mayores, 2 horas al día.
Los abuelos de la residencia a los que le doy de desayunar cada mañana me han enseñado que incluso una sola sonrisa puede contagiar la ilusión que no consigue todo el dinero del mundo, estar rodeado de cien personas o 200 regalos.
Como están tan solos, pequeños gestos, como que vaya a cantarles un coro, que adornen la casa de navidad o que la cena sea especial, hacen que a ellos se les ilumine la cara y la vida durante un día entero (porque la mayoría al día siguiente ya no se acuerda de qué hicieron ayer).
No es que yo creyera que era más importante un regalo que una sonrisa o un abrazo, ni mucho menos, es la capacidad de ilusionarse lo que me conmueve.
Yo nunca había querido trabajar en esta residencia, pero en solo 5 días que llevo allí, los abuelos me han enganchado. Cada mañana que entro y cada uno de ellos me da un beso, un abrazo, me sonríen y me dicen que soy lo más bonito del mundo (lo hacen con todas las niñas que trabajan allí) hacen que piense "¡qué maravilla que siempre te reciban en el trabajo con esa alegría!". Y consiguen que sonría por muy de mal humor que me hubiera despertado. Agradecen cada gesto cariñoso como un sediento en el desierto recibiría una gota de agua. Y esto hace que a ti cada vez te salgan más gestos cariñosos con ellos, te enganchan.
Este año, se ha disipado un poco la compasión que siempre he sentido por los que no tienen nada. Igual la gente que está tan sola, o que tiene tan poco, es capaz de sentir mil veces más ilusión por lo que rodea la navidad que yo, que estoy rodeada de mi familia y a quien no le falta nada.
Aunque no dejo de sentirme mal por el montaje que hacemos, la de dinero que tiramos y lo infelicez que hacemos a los que quisieran vivir la navidad de otra forma y no pueden.
lunes, 22 de diciembre de 2008
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