Vivo en una burbuja de cristal.
En mi burbuja, no pasa nada si no llego a final de mes, si me echan del trabajo, si un mes no me pagan, si me quedo sin casa, si me pongo mala, si no encuentro trabajo en 7 meses o 3 años, si no encuentro pareja, si mi amiga se enfada, si alguien se muere. Ni siquiera pasa nada si me roban, me dan una paliza o me violan.
En mi burbuja los inmigrantes comen todos los días, no hay gente mala, ni corrupción, los mendigos tienen la opción de ir a un albergue o a un comedor, los pobres no se mueren de hambre. En mi casa hay agua y luz todos los días, 24 horas al día. Nunca oigo bombas, ni disparos, ni veo muertos.
Dentro de mi burbuja, puedo salir a la calle sola, a la hora que quiera. Puedo vestirme como quiera y pensar como quiera. Puedo decir lo que quiera, donde quiera. No tengo que robar para comer, ni esconderme, ni pedir dinero, ni llorar por mis familiares muertos en ninguna guerra, ni lidiar con ninguna injusticia, ni soportar palizas o violaciones continuas, ni hacer cualquier cosa a cambio de comida.
Pero en vez de despertarme con una sonrisa de oreja a oreja todas las mañanas por vivir en una burbuja, hay días que estoy de muy mal humor porque tengo que trabajar 10 horas, porque no tengo 400 euros para apuntarme al gimnasio o para ir de viaje, porque me veo gorda, porque no me puedo comprar un piso, porque tengo mala memoria, porque no me gusta mi ropa, porque mi vida me parece aburrida, porque no tengo tiempo para hacer más cosas, porque no me cae bien mi compañero de trabajo, porque soy un borrego siguiendo a un rebaño...
Lo único malo de mi burbuja es saber que hay mucha gente que vive fuera de ella.
Lo peor de la burbuja es saber que no puedo hacer nada contra ello.
No puedo ayudar a nadie de fuera, y son MUCHOS.
Y tú vives en la misma burbuja que yo.
Y tú tampoco puedes hacer nada.
Ni quieres.
jueves, 29 de noviembre de 2007
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