martes 10 de febrero de 2009

Relatividad

Anoche llegué cabizbaja a casa después de que un médico me recetara una medicación que no me gusta.
Cené, me acosté y encendí la tele sin ganas. Había un reportaje de la franja de Gaza.

En primer plano, una niña de 12 años con unos ojos preciosos capaces de atravesarle el alma a cualquiera. Estaba sentada en una silla, en la calle, sola. Acababan de rescatarla de los escombros de su casa donde había permanecido varios días atrapada junto a sus padres y hermanos, todos muertos. No le quedaba NADA en la vida.
Miraba a la cámara, fría, le daba exactamente igual que la grabaran, le hablaran o le cayera un rayo encima. No recuerdo qué le preguntó el periodista, pero ella respondió: "sólo quiero matar a quien ha matado a mi familia, los de Israel".
Un poco más tarde el periodista se dirigió al zoo de Gaza, donde todos los animales yacían muertos porque los trabajadores llevaban un mes sin ir a darles de comer debido a los bombardeos. Solo quedaban vivos una pareja de leones hambrientos que miraban a la cámara y no eran capaces ni de avalanzarse sobre los periodistas para comérselos, ya no tenían fuerzas, se les estaba escapando la vida. Seguro que, si hubieran podido hablar, hubieran dicho: "sólo quiero matar a quien ha matado a mi familia, los de Israel".

Miré a mi alrededor: mi cama grande, mi perra durmiendo a los pies con el estómago lleno, la estufa encendida, mi familia en la planta de arriba, todas las paredes de mi casa en su sitio...

Ahora ya habrán muerto los leones, y a saber qué ha pasado con la niña de los ojos preciosos. Bendito sea cualquier tratamiento que me tenga que tomar. Ojalá la niña se pudiera tomar una pastilla cada mañana para solucionar el agujero que debe de tener en el corazón.

martes 13 de enero de 2009

En el silencio me escucho

Qué bonita es la palabra insomnio...

Anoche, después de mucho tiempo, tuve otra noche de insomnio. Además de ver una película preciosa (Penélope), empezar a leer el libro que me trajeron los Reyes (El Juego del Ángel), escribir un correo que no era capaz de escribir a la luz del día, escuchar la radio (Afectos en la noche) y dar muchas vueltas en la cama, pensé en cómo me ha afectado la combinación del invierno y vivir de nuevo en casa de mis padres.

Desde que empezó el frío no he vuelto a leer, ni a escribir, ni a ver películas en DVD, ni a hacer puzzles, ni a pasar tiempo sola. ¡Con la de tiempo en silencio que pasaba cuando vivía en mi ratonera!
Las únicas habitaciones en las que hay calefacción en casa de mis padres son: el salón, donde la tele está puesta casi 24 horas al día y apagarla es innegociable; la habitación donde estudio, que no tiene un sofá; mi habitación, donde tampoco hay un sofá, y la habitación de mis padres.
No encuentro un espacio donde no haga frío y haya un rincón solo para mí.

He tomado las siguientes decisiones:
- Cambiar la habitación donde estudio (previo consenso con mis progenitores) y poner una mesa más pequeña y un sofá.
- Sacar la tele de mi habitación.
- No acceder a internet más que un tiempo limitado al día. La red me absorbe como pocas cosas. No sé explicar qué hago durante horas y horas delante del ordenador, pero la verdad es que nada productivo.

Y he llegado a dos conclusiones:
- Soy un animal de verano.
- La noche tiñe mis pensamientos con el mismo líquido fluorescente que te ponen en los ojos cuando te quieren ver un cuerpo extraño.
En el silencio me escucho, no así con el ruido de la tele y mi familia, que enturbian mi claridad mental.

Próposito de año nuevo, escucharme más y buscar un espacio para hacer las cosas que me gustan.
¡Cómo echo de menos mi ratonera!

lunes 22 de diciembre de 2008

No es más feliz el que más tiene, pero el que menos necesita

Este año, la navidad me ha dado una lección.

Esta época siempre me ha puesto muy triste, porque creo que hacemos tanto montaje de ella que conseguimos que la gente que tiene menos sea infeliz, porque le faltan miembros de la familia, porque se sienten solos, porque no tienen dinero para grandes celebraciones...

Por casualidades de la vida (como todo lo que mueve el mundo), he acabado trabajando durante 15 días en una residencia de mayores, 2 horas al día.
Los abuelos de la residencia a los que le doy de desayunar cada mañana me han enseñado que incluso una sola sonrisa puede contagiar la ilusión que no consigue todo el dinero del mundo, estar rodeado de cien personas o 200 regalos.
Como están tan solos, pequeños gestos, como que vaya a cantarles un coro, que adornen la casa de navidad o que la cena sea especial, hacen que a ellos se les ilumine la cara y la vida durante un día entero (porque la mayoría al día siguiente ya no se acuerda de qué hicieron ayer).

No es que yo creyera que era más importante un regalo que una sonrisa o un abrazo, ni mucho menos, es la capacidad de ilusionarse lo que me conmueve.
Yo nunca había querido trabajar en esta residencia, pero en solo 5 días que llevo allí, los abuelos me han enganchado. Cada mañana que entro y cada uno de ellos me da un beso, un abrazo, me sonríen y me dicen que soy lo más bonito del mundo (lo hacen con todas las niñas que trabajan allí) hacen que piense "¡qué maravilla que siempre te reciban en el trabajo con esa alegría!". Y consiguen que sonría por muy de mal humor que me hubiera despertado. Agradecen cada gesto cariñoso como un sediento en el desierto recibiría una gota de agua. Y esto hace que a ti cada vez te salgan más gestos cariñosos con ellos, te enganchan.

Este año, se ha disipado un poco la compasión que siempre he sentido por los que no tienen nada. Igual la gente que está tan sola, o que tiene tan poco, es capaz de sentir mil veces más ilusión por lo que rodea la navidad que yo, que estoy rodeada de mi familia y a quien no le falta nada.

Aunque no dejo de sentirme mal por el montaje que hacemos, la de dinero que tiramos y lo infelicez que hacemos a los que quisieran vivir la navidad de otra forma y no pueden.

miércoles 5 de noviembre de 2008

Aspirante a esperante




¡Qué larga es la espera! Y yo solo llevo 2 meses estudiando. Nunca había pensado el infierno que puede ser la vida de esa gente que está años y años estudiando oposiciones, encerrados, sin hacer nada más.

Y lo peor son los altibajos. Que va a salir ya la oposición, que no, que la han cancelado, que no, que no, que le quedan 15 días. Que me lo sé todo, ¿para qué voy a estudiar más? Ay, que no me sé nada, que se me olvida lo que me estudié hace un mes. Que no voy a ser capaz. Que voy a aprobar, y mi primer sueldo lo voy a emplear en comprarme un caballo... Que igual estoy perdiendo el tiempo. Que el esfuerzo merece la pena. ¡Que ojalá merezca la pena el esfuerzo! Que hoy no me puedo concentrar. Que hoy me como los libros. Que ya tengo ganas de trabajar. Que me duele la espalda de estar aquí sentada. Que internet me tiene absorvida porque es mi único contacto con el mundo exterior. Que de aquí no me muevo hasta que no me haya aprendido esta tabla. Que, que, que...

Menos mal que tengo dos acompañantes incondicionales que siempre están conmigo. Los de la primera foto. Conga y Eñe me "apoyan" sea la hora que sea. Les da igual que esté 1 hora o 10 horas en mi habitación de estudiar, que allí están ellos :)

Entre eso, y que cuando levanto la cabeza veo el mar por la cristalera que tengo delante (la segunda foto), se hace la espera un poco más soportable. El mar nunca está igual, ni el cielo, parece que tiene infinitas combinaciones.
Bueno, eso y que voy al gimnasio, y que a veces veo a la gente real, y a los ánimos de mi madre, y que la semana que viene me voy a Barcelona 4 días, y los ánimos de mis amigos...

Pues nada, a estudiar, y a desear que este esfuerzo merezca la pena. Y si no, al menos lo habré intentado, y eso sí merece la pena :)

Soy una auténtica aspirante a esperante.


viernes 12 de septiembre de 2008

Elvira y Toni



Pues ya ha llegado el día.

Hace un año que me dijeron: "Tenemos que decirte una cosa, nos casamos, nos vamos 6 meses de viaje y, cuando volvamos, vamos a intentar tener hijos..."
Así, sin más. Mis mejores amigos, mis compañeros de viaje desde hace mucho tiempo, los hombros en los que más lloro...
Me costó mucho asumirlo, no me podía creer que nos habíamos hecho mayores de golpe, ¡¡aquella misma noche!! ¡¡Y sin previo aviso!! Nadie me había preparado para esto...

La boda ya ha pasado y, hoy, una semana después, se van de viaje de novios. Vamos a estar 6 meses sin vernos. Uffff... :(
Son los amigos con los que más tiempo paso y con los que cuento para todo. Esto va a ser como cuando rompes con una pareja y te tienes que inventar a una rutina nueva, porque la que tenías antes, a la que estabas acostumbrado, ha desaparecido de repente.

Pero estoy feliz por ellos, por ver la cara de ilusión que tenían esta noche al lado de sus mochilas gigantes. Era su sueño, pedir una excedencia y viajar sin saber en qué día o en qué mes están, sin prisas. Miraban sus mochilas como un niño que la mañana de reyes ha recibido la bicicleta que llevaba tantos años esperando.

No paraban de comprobar que su nuevo blog (http://viajestoniyelvira.wordpress.com/) funciona bien, donde sus amigos y familia seguiremos sus aventuras. Sienten que ese blog es uno de los pocos lazos que nos van a unir a ellos durante tanto tiempo. ¡Qué nervios!

Si no voy a verlos en estos 6 meses significará que mis oposiciones van bien, así que espero que no pueda acompañarlos en ninguna parte de su viaje. Pero, ¡yo de mayor quiero ser como vosotros!

Muchas suerte y, esta vez sí, por la aventura que va a empezar esta noche y acabará dentro de 6 meses :)

Un beso MUY gordo a los dos :)

lunes 8 de septiembre de 2008

Balance del verano

Mi verano de los 30 ha sido mi regalo. A principios de julio decidí dejarlo todo y regalarme un verano como hacía muchos años que no tenía.
Cerré una puerta y abrí una ventana con vistas al mar :)

Me daba mucho miedo arrepentirme de mi decisión cuando pasara el tiempo.
Ahora han pasado 2 meses y estoy feliz de haber sido tan valiente.

El resumen de mi verano es fácil:

Dormir
Playa
Comer
Playa
Amigos
Playa
Terrazas en el paseo marítimo
Dormir
Leer
Playa
Amigos
Familia
Playa
Dormir
Leer

Ahora se acaba el verano y he tenido que tomar la decisión de qué hacer con mi vida. No ha sido muy difícil, porque el destino me ha señalado el camino. Justo a finales de julio salieron unas oposiciones a las que me presenté en 2006 y que no habían vuelto a salir. Ahora se han vuelto a convocar, el examen será entre noviembre y enero.
Tengo la situación idónea para dedicarme a ellas. Estoy en casa de mis padres de nuevo, cobro el paro, no tengo trabajo, tengo ganas de estudiar...

El verano casi ha acabado (aunque aún queda el mejor mes de playa). Y la suerte está echada.
La decisión de estudiar estas oposiciones va a ser buena, seguro, porque, aunque suspendiera, no me va a quedar la espinita de no haberlo intentado por última vez. Por edad, esta es la última convocatoria a la que me puedo presentar.

A veces las decisiones pasionales, sin haber sido demasiado meditadas, salen bien.
A veces... :)

Feliz año nuevo.

PD: Entre mis propósitos de año nuevo está el de ser bloguiactiva.

Elvira nunca me da besos



Hace 16 años menos 10 días que nos conocemos, y nunca me da dos besos cuando me ve; pero fue ella la que me enseñó a fumar, la primera que me habló de novios serios y la que me convenció para que me comprara mi primer bolso, porque ya éramos mujeres.


Hace 15 años, me tomé mi primera copa con ella. No me daba besos, pero se quedaba a dormir a en mi casa porque yo era a la que más tarde dejaban volver. No teníamos hora, y con ella me hice mayor, o eso creíamos nosotras, que ya éramos mayores…


Hace 12 años, cuando me saqué el carné de conducir, no me dio dos besos, pero fue con ella con quien gastaba la gasolina dando vueltas por el rincón en el 2 caballos morado que hoy está tan orgulloso por haberla traído a casarse.


Una vez me escribió una carta cuando yo vivía en EEUU en la que no se despedía con un beso, pero en la que decía:

En cuanto a mi vida prematrimonial, que es lo que a ti te interesa, zorilla, me va de p.m., todo es muy bonito y nos queremos mucho (mientras no se pase ni un pelo). No, en serio, la verdad es que seguimos como antes, nos llevamos superbien, no me agobia, no le agobio y no nos hace falta nadie para pasárnoslo bien. Nos vamos a casar, ya te mandaré la invitación, o te la daré en mano cuando vaya a verte, que aunque no te lo creas voy a ir, y a mi Toni me lo llevo, que lo sepas.

De esta carta hace 11 años, hacía meses que conocía a Toni. Nunca vino a verme, pero cumplió la promesa de casarse y darme la invitación en mano.


Hace 6 años, en diciembre del 2002, sellaron su amor comprándose su primer objeto para el ajuar en común, ¡un DVD! Elvira me escribió un correo, porque yo no vivía aquí, para contarme el gran acontecimiento, y estaba casi tan ilusionada como lo está hoy.


Elvira nunca me da besos, pero hemos crecido juntas y siempre me ha contagiado de su estabilidad aparente. Me ha hecho muchos regalos en 16 años, pero el mejor regalo ha sido mi amigo Toni, el “hombre” de nuestro harén, como él nos llama. Y digo hombre entre comillas porque Toni es como una más, ha crecido en un círculo de mujeres y es como una de nosotras.


Casi todas las bodas son bonitas, pero yo creo que esta es especial, y no porque ellos sean mis amigos, sino porque es admirable ver a una pareja que llevan juntos 11 años y que se miran a los ojos con la sonrisa que lo hacen siempre, no solo hoy.


A pesar de que Elvira no me dé besos, ni Toni tampoco, no hace falta. Porque son capaces de hacerme sentir cuánto me quieren con solo entrar en su casa y sentarme en su sofá. Ellos son felices en la tranquilidad de su salón y lo transmiten. Su casa parece que sonríe entera cuando entra un amigo. Yo sé que va a sonreír siempre, y me siento muy orgullosa de saber que siempre que necesite a mi familia, Elvira y Toni forman parte de ella.


Mucha suerte en vuestra aventura, no la que empieza el día 13 y acaba en 5 meses, sino la que empezó hace 11 años y va a durar para siempre.